APPIANO ALEJANDRINO

Historiador del siglo II que vivió en Alejandría. Es famoso por el método de ordenación historica. Escribió varias obras siendo la mas importante la historia de Roma en 24 libros.

Texto de Appiano de las GUERRAS IBERICAS

Los numantinos, acosados por el hambre, enviaron una embajada de cinco ciudadanos a Escipión para saber si, caso de entregarse, les serían puestas condiciones honrosas.
Avaro, jefe de los legados, habló con arrogancia a Escipión de las instituciones de Numancia y de su valentía; añadió que nada reprobable habían cometido los numantinos al sufrir tantos males por defender a sus hijos y mujeres.
- Digno es de ti, valeroso Escipión -dijo- que perdones a una gente tan noble y valerosa; que entre las tristes condiciones del vencido nos propongas las mas humanas, para que podamos soportarlas al sufrir ahora el cambio de fortuna; si nos impones condiciones aceptables, te entregaremos la ciudad; deja, si no, que luchando contigo perezcamos todos.-
Mas Escipión, que sabía por los cautivos el estado del interior de la ciudad, contestó que era preciso pusieran su suerte en sus manos y entregaran la plaza y las armas sin condición ninguna.
Cuando se supo esto en la ciudad, los numantinos, que hasta entonces habían podido contener dificilmente su ira, enfurecidos y enloquecidos por la desgracia, mataron a Avaro y a sus compañeros de embajada, considerándolos pérfidos legados que habían procurado tratar con Escipión de su propia seguridad.
No mucho después faltos de toda clase de víveres, pues no tenian frutos, ni rebaños, ni hierba, comenzaron primeramente, como sucede en estos apuros de las guerras, a comer pieles cocidas, y habiéndose acabado las pieles, llegaron a comer carne humana.
Primero comieron a los muertos, y después, despreciando la carne de los enfermos, los mas fuertes mataban a los mas débiles para poder vivir; no les faltó ninguna clase de males; sus almas se convirtieron en almas de fiera, por la clase de sus alimentos, y, embrutecidos sus cuerpos por el hambre y la peste, y con los cabellos crecidos por el tiempo que tal situación había durado, decidieron entregarse a Escipión.
Este les ordenó que durante aquel dia llevaran sus armas a un cierto lugar, y que al dia siguiente abandonaran la plaza; pero los numantinos declararon que muchos querían morir y que solo pedían a Escipión un día para disponer de su muerte.
Gran amor a la libertad y extraordinaria valentía mostró esta ciudad bárbara y pequeña. Habitada en tiempos de paz por unos ocho mil, !cuantos y cuales derrotas causaron a los romanos, !cuantos pactos les obligaron a firmar que con ningún otro pueblo había Roma concluido, !cuantas veces provocaron a combate a un general tan eximio y que contaba con setenta mil hombres.
Solo Escipión comprendió que no debían trabarse batallas con fieras, sino combatirlas por el hambre, contra la que no puede lucharse. Solo por el hambre podía ser vencida Numancia, y solo por ella lo fue en realidad.
Tal es mi opinión de los numantinos, considerando su corto número, los trabajos que soportaron, las hazañas que realizaron y el tiempo que resistieron.
De los habitantes de Numancia, la mayor parte se dieron muerte a si mismo de mil modos distintos, y los demás, a los tres dias, salieron para el lugar que se les había destinado afreciendo un espectáculo horrible y extraño, con sus cuerpos escuálidos, sucios y desgreñados, malolientes, con las uñas crecidas, con los cabellos largos y los vestidos repugnantes.
Si parecían dignos de lástima a los enemigos por tanta miseria, les infundian pavor, por llevar impresos en su cara la cólera, el dolor y la fatiga.


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