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MONASTERIO/CONVENTO DE SANTO DOMINGO EL ANTIGUO

En Toledo ciudad.
Siglo XI. Uno de los más antiguos de la ciudad.
Lugar donde está enterrado El Greco. Su cripta y su tumba se puede observar a través de un cristal en el subsuelo de la sala capitular que da entrada al pequeño pero valioso museo.
Monjas cistercienses de clausura. Tras la reconquista de la ciudad de Toledo por el rey Alfonso VI de León en 1085, mandó construir sobre una iglesia visigoda el actual convento.
Sin embargo su iglesia no se consagró hasta el 26 de febrero de 1576.

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Su origen se cree que es de la época visigoda edificado sobre un cenobio u oratorio edificado sobre la casa donde viviera Santa Leocadia muerta mártir en el año 304.
En este primer convento vivió Adeodata abadesa de la orden benedictina. Esta primera comunidad benedictina de Santo Domingo el Antiguo sufrió la invasión musulmana y su destrucción en el año 711.
En el año 1085 el rey Alfonso -VI- (1065-1109), de León y Castilla, llamado el Bravo, conquista la ciudad de Toledo y se funda nuevamente el monasterio para monjas benedictinas procedentes del monasterio de Sahagún en el reino de León. El documento más antiguo que hace referencia al monasterio es del año 1150 donde el rey Alfonso -VII- (1126-1157) de León y Castilla, llamado el Emperador, cede importantes propiedades al monasterio. Con la reforma cisterciense dentro de la orden benedictina se determina que la comunidad de Santo Domingo el Antiguo en el año 1159 pasaba a ser de la orden de san Bernardo.
Los reyes sucesivos favorecen el monasterio con donaciones y privilegios y en 1249 el papa Clemente -IV- concede indulgencias a los que visitaran el monasterio el día de su patrón.
Vive su mayor explendor en la segunda mitad del siglo XVI por las donaciones efectuadas por María de Silva, una dama portuguesa que acompañó a Isabel de Portugal en 1526 cuando se trasladó a Sevilla para contraer matrimonio con el emperador Carlos -V- y que a su muerte en 1575 fue enterrada en la capilla mayor del monasterio.
Los numerosos lienzos que pintó el Greco sobre el monasterio de Santro Domingo el Antiguo (La Resurección (1577) , La Verónica (1580), La adoración de los Pastoreres (1612), etc. hizo que a su muerte en el año 1614 fuese enterrado en una cripta en el subsuelo de la sala capitular, que puede verse actualmente a través del cristal que cubre la bajada a la bóveda.