GUERRA DE RESTAURACIÓN
Guerra de los Segadores
Período: Desde 1580 hasta 1668
Beligerantes: Portugal y Cataluña contra el Imperialismo español.
Causas: Independencia de Portugal, ingratitud hacia Cataluña, Nápoles y Sicilia.

Antecedentes:

El nombre de Guerra de Restauración lo asignan los historiadores portugueses al conflicto que durante 25 años sostuvo Portugal contra los ejércitos de España tras la caída del poder en el año 1580 del rey de España Felipe -II-.

Este conflicto permanecía dormido y fue en la última fase de la Guerra de los Treinta Años y durante la Guerra Franco-Española y las malas gestiones del Conde Duque de Olivares lo que supuso el final de aquellas reivindicaciones.

A todo aquello se sumaron las revueltas producidas en Cataluña y que historiadores la denominan Guerra de los Segadores y otros ni tan siquiera la tienen en cuenta o la enmarcan dentro de la guerra franco-española.

Acontecimientos :

Fué un período de malas gestiones políticas y administrativas.

En 1639 el asedio a la fortaleza de Salses (Salses-le-Chateau), en el Rosellón durante la guerra franco-española, marcó un antes y un después en las relaciones del reinado de Felipe -IV- y su ministro el Conde Duque de Olivares con Cataluña y Portugal y que este último se mantenía a la expectativa de los acontecimientos al otro lado de la península.

Las tropas catalanas al mando del virrey conde de Santa Coloma y las del comendador de Castilla del marqués de Balbases vencieron a las tropas francesas en la batalla de Salses. El mayor sacrificio en aquella campaña en bienes y hombres lo soportaron las tropas catalanas, a las que no se les dio gratitud ni reconocimiento alguno por parte del Rey Felipe -IV-.

A esto se añadió la mala administración del ministro Conde Duque de Olivares, que planificó el soporte económico de aquella guerra recayendo en mayor medida sobre el pueblo Catalán especialmente y sobre el Portugueses, Nápoles y Sicilia, cosa que se negaron.

Como represalia se aumentaron los impuestos y en Cataluña se permitió a los ejércitos castellanos tras las campañas del Rosellón, que acamparan a sus anchas por tierras catalanas.

Se cometieron todo tipo de abusos, tropelías y robos. La insolencia de la soldadesca fue en aumento, por lo que los Diputados de las Provincias protestaron ante el virrey Conde de Santa Coloma, pero este los mandó encarcelar.

Poco después el rey Felipe -IV- incrementó el castigo despojándoles de sus posesiones, bienes y haciendas y gracias que no ordenó ahorcarles.

El 7 de junio de 1640, en la festividad del Corpus Christi, una masa de segadores llegados a Barcelona asaltaron las cárceles y lo que de origen fue una sublevación contra una tiranía, se convirtió en una jornada de un Corpus de Sangre con miles de muertos, incluido el conde de Santa Coloma y numerosas casas incendiadas.

En el mismo año Portugal por su parte consiguió de Francia el apoyo a su causa y proclamaron rey al duque de Braganza con el nombre de Juan -IV- (1689-1750), intentando recobrar su independencia perdida en 1580 con el rey Felipe -II- de España.

Aquellas políticas de desaciertos no tardarían en tener graves consecuencias y el 19 de mayo de 1643, el enfrentamiento en los campos de Rocroy, al norte de Francia, entre los ejércitos de España y Francia deshizo el poder de los ejércitos y los tercios españoles.

En el año 1648 España tuvo que reconocer la independencia de los Países Bajos y en el mismo año Portugal incrementó sus reivindicaciones de independencia reclamadas desde muchos años y especialmente con el nombramiento en 1640 del rey Juan -IV-.

No fue hasta el 17 de junio de 1665 cuando los ejércitos portugueses derrotaron a las tropas de Juan José de Austria en la decisiva batalla de Montesclaros o de Villaviciosa, no pudiendo recuperar el país portugués para la corona. Cataluña por su parte quedó tan diezmada al soportar la mayor parte del conflicto que quedó prácticamente arruinada y sin fuerzas para reclamaciones.

Las disputas con Portugal finalizaron con el tratado de 13 de febrero de 1668, en que la independencia de Portugal fue plenamente reconocida.

Nápoles y Sicilia esperaron un poco más y el 7 de julio de 1674 una reyerta iniciada por Tomás Masaniello en la plaza del mercado de Nápoles contra las tropas del Virrey duque de Arcos, fue la chispa que inició la revolución e independencia de la ciudad de Nápoles, ocupando la fortaleza que dominaba la bahía.
Poco después las revueltas se iniciaron en la isla de Sicilia.

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